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Una copa de vino blanco para arreglarlo (casi) todo.

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Ahora que la vendimia es la palabra más repetida en cualquier bodega, desempolvamos algunos de los beneficios que tiene una copa de vino blanco para la salud, a tener de diversos estudios científicos que subrayan sus múltiples propiedades. Sírvete una copa de Mantel Blanco y disfruta: combate el envejecimiento, reduce el colesterol, previene el cáncer, es un aliado para la salud cardiovascular, pulmonar… Un consumo adecuado hasta ayuda a reducir peso. No se puede pedir más.

Efecto antioxidante. Los vinos blancos son ricos en un tipo de composición antioxidante que también está presente en el aceite de oliva. Ayuda a prevenir el envejecimiento prematuro de las células causado por los radicales libres que produce el estrés o la contaminación.
 
Limita los daños ocasionados por un paro cardíaco. Beber una o dos copas de vino blanco al día reduce las secuelas que puede dejar un paro cardíaco. Además, ayuda a conservar limpias las arterias y mantiene a raya las enfermedades de origen vascular.
 
Prevención de cáncer. Algunos estudios apuntan a que protege nuestras células, impidiendo el avance del cáncer. Previene la aparición de varios tipos de cáncer, especialmente el de mama y el de colon.
 
Acelera la pérdida de peso. El consumo de vino activa al gen SIRT1, que impide la formación de nuevas células de grasa y ayuda a movilizar las ya existentes. Según distintas investigaciones, el consumo de vino blanco combinado con deporte y una dieta saludable ayuda a bajar peso más rápido de lo que lo harías normalmente.
 
Mejora el sueño. Con un consumo adecuado, la calidad de sueño mejora de forma considerable. Aumentan las horas de descanso y se eliminan interrupciones.
 
Reduce el riesgo de sufrir depresión. Según un estudio, las personas que beben de dos a siete vasos a la semana son menos propensas a ser diagnosticados con depresión. Además de mejorar la salud del sistema nervioso, es un remedio terapéutico contra la ansiedad y la tensión emocional.
 
Mejora la salud pulmonar. Beber con moderación vino blanco ayuda a mejorar la salud pulmonar y prevenir la aparición de las enfermedades que afectan el sistema respiratorio.

Protege el cerebro. Se ha comprobado que tres copas de vino blanco a la semana tienen un efecto protector sobre nuestro cerebro. Nos protege de enfermedades neurodegenerativas, como la demencia, sobre todo después de los 40 años.

Contrarresta los efectos del sedentarismo. El resveratrol que se encuentra en el vino blanco no es un sustituto del ejercicio físico, pero sí ayuda a mantener los huesos fuertes, a preservar la fuerza muscular.

Ayuda a reducir el colesterol. Consumido de forma regular y moderada, y combinado con un poco de ejercicio, el vino blanco mejora los niveles de colesterol.

Agilidad mental. Cerca de 70 estudios científicos confirman que el consumo moderado de vino mejora la función cognitiva y la agilidad mental. En pequeñas dosis previene la demencia.

Salud dental. Se ha comprobado que la costumbre ancestral de tratar las infecciones de las encías con vino y evitar la caída de los dientes tiene un fundamento científico. El vino blanco frena el crecimiento de los estreptococos de la boca, bacterias vinculadas a las caries, a la gingivitis y al dolor de garganta.