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¿Qué copa elijo para mi vino?.

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Escoger una copa es más complejo de lo que parece. ¿Por qué se utilizan copas de formas diferentes para tomar vino? ¿cuál es la más adecuada para un tinto? ¿y para un blanco? Atentos, winelovers.

Hay cuatro características a tener en cuenta en una copa de vino. En primer lugar, la base o el pie, la más fácil de entender porque es la que consigue que la copa no se vuelque y, lo más importante, que el vino no se derrame. En segundo lugar, destaca el tallo, pierna o fuste, que nos permite sostener el vaso sin tocar el recipiente y, por tanto, sin calentar el vino a la temperatura del cuerpo. Asimismo, nos permite mantener la mano a cierta distancia de la nariz cuando bebemos, lo que consigue que el olor de nuestras manos (jabones, perfumes…) enmascaren los aromas del vino. Es por este motivo que algunos profesionales prefieren sostener la copa cogiéndola directamente por la base.
 
El cáliz, la parte donde se deposita el vino, debe tener la amplitud suficiente para conseguir un remolino adecuado al moverlo, con el que se liberarán los compuestos volátiles del aroma. Cuanto más ancho sea el cáliz, más área de superficie cubrirá el vino y, por tanto, más amplia es la superficie que libera compuestos volátiles que inhalamos al catar el vino.
 
En último lugar, el borde, el punto en el que el vino entra en contacto con la boca. Cuanto más fino es el borde, más perfecta es la transición, es decir, mejor se percibe el vino en la boca y menos se centra nuestra atención en la sensación que ofrece la copa. Por cierto que el cristal permite hacer bordes más delgados sin romperse, mientras que el vidrio consigue bordes más gruesos (y también es más frágil) que pueden entorpecer la degustación.
 
Ahora bien, ¿qué copa debemos elegir según qué vino? Para los tintos, una copa ancha, de gran cavidad abombada, y borde estrecho, con la suficiente altura para mover el vino sin que se derrame (se llena hasta 2/5 y 3/5 de su capacidad, en función del tamaño). Para los blancos, una copa algo más pequeña y estrecha (para conservar mejor el frío), y con un borde todavía más estrecho (debe llenarse no más de 2/5 de su capacidad). Para los espumosos, uno estrecho  y alto.
 
Más información en http://www.mnn.com/food/beverages/blogs/whats-the-science-behind-wine-glass-shapes